Editorial: ¿Y si hubiese sido hoy?

Nubeluz+Mnica+Santa+Mara+1992+programa

Hoy 14 de marzo, hace 20 años atrás, Latinoamérica entera entraba en una especie de shock colectivo. La noticia de la muerte de Mónica Santa María Smith, popular animadora del programa infantil peruano “Nubeluz”, causó conmoción en el Perú y en todos los países donde se veía el espacio de Panamericana Televisión. Chile también se sumó a ese sentimiento.

El tango lo dice, “20 años no es nada”. Y esta frase de Gardel y Le Pera parece acuñarse a fuego con este dramático suceso que marcó a una generación entera. Si el impacto en marzo de 1994 fue inconmensurable, ¿cómo hubiese sido la reacción a esta misma noticia hoy, 14 de marzo de 2014?

Hagamos ese ejercicio…

Es 14 de marzo de 2014. La atención mundial se centra en Ucrania y Venezuela. En Perú todavía hay coletazos de la imagen de Nadine Heredia caminando por la alfombra roja junto a su esposo, el Presidente Ollanta Humala, mientras llegaban al cambio de mando en Chile. Precisamente, en nuestro país ya pasó la efervescencia por el regreso al Palacio de La Moneda de Michelle Bachelet, mientras se discuten sus primeras medidas: el bono marzo permanente y el anuncio del fin de las escuelas municipalizadas.

La prensa de farándula se dedica a escarbar en la vida privada de todas las figuras de primer y segundo orden del espectáculo nacional. El desarrollo de la tecnología permite la interconexión a nivel mundial a través de internet y las redes sociales, mientras que más de algún “vivo” se hace de un “decodificador FTA” para ver televisión de todas partes del mundo.

Es precisamente gracias al cable (y a Youtube), que los niños de Chile y toda América son parte de un fenómeno ultra masivo. Mucho más grande que Justin Bieber y One Direction. Más querido que Violetta y My Little Pony. Viene desde el país del Rímac y se llama Nubeluz, un programa que cuenta con la animación de 4 jóvenes presentadoras: Almendra, Lily, Xiomy y Mónica.

La popularidad llega a niveles tales que las páginas oficiales en Facebook y Twitter tienen millones de seguidores, mientras que en Youtube, Instagram y Vine los videos de gente imitando a las “dalinas” en Argentina, Colombia, Ecuador, Venezuela y Chile, entre otros países, tienen miles de visitas y se convierten en virales.

Las giras no se hacen esperar y todo el team del programe recorre los caminos que antes surcaban los chasquis del imperio Inca. La fama era global, en una realidad global.

Hasta que hoy, 14 de marzo de 2014, un rumor comienza a correr por twitter. Un twittero limeño dice que se encontró muerta a Mónica, una de las animadoras de Nubeluz, en su departamento en Lima. Rápidamente twitteros de todo el continente comienzan a replicar la información y los medios tradicionales comienzan a verificarla.

La expectación es grande, que cuando se confirma la noticia, los canales comienzan a romper su programación. En TVN, por ejemplo, José Antonio Neme y Carla Zunino hablan del impacto de Nubeluz en Chile. Mientras los paneles de farándula, comienzan a especular y a elucubrar sobre las causas de la muerte, sin tener todos los antecedentes sobre la mesa. Al día siguiente los diarios publican toda la información que tienen y recogen el sentir de las redes sociales. Los noticieros abren su emisión con este hecho, e incluso programas como Tolerancia Cero le dedican varios minutos al hecho.

Y si esto es lo que pasa en Chile, en Perú el flujo de datos es mucho mayor.

¿Qué se hubiese hablado en cada casa? ¿Cómo se hubiese discutido la forma en que se comunica una noticia de gran calibre emocional, a una generación que accede sin filtros a todo lo que se publica en la web? ¿Qué nos hubiésemos encontrado en las redes sociales?

Sinceramente, la forma en que la opinión pública chilena, peruana y de todo el continente hubiese reaccionado ante el suicidio de Mónica Santa María sería muy distinta. Partiendo del meme como “Vuelta alto Mónica” o “Mónica para un final”, hasta las investigaciones de Víctor Gutiérrez, las teorías de la conspiración de Salfate y las andanadas de libros sobre el tema; todo el río de repercusiones daría para un debate intenso en todos los espacios posibles.

Si lo que conocimos el 14 de marzo de 1994 hubiese sido hoy, sería un hecho mucho más amplificado y quizás con otro tipo de reacciones. Al menos tenemos la certeza de que Mónica, desde su nube, está descansando y habita en el recuerdo de una generación completa que no la olvida.

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